La luz del amanecer se filtraba por las rendijas de ventilación del búnker, dibujando líneas de polvo dorado sobre las sábanas de seda. Alessandra despertó con el sonido rítmico del respirar de Dante a su lado. Por un segundo, olvidó que el mundo la creía muerta. Por un segundo, fue solo una mujer en los brazos del hombre que amaba.
Pero entonces, sus ojos se posaron en la pantalla táctica que parpadeaba en la pared opuesta. La realidad volvió como un balde de agua helada.
Se levantó sin hace