El silencio del búnker bajo las Islas del Rosario no era un silencio absoluto. Si prestabas atención, podías escuchar el zumbido eléctrico de los servidores, el siseo del purificador de aire y, más allá de los muros de concreto reforzado, el latido sordo del Caribe contra el arrecife. Para Alessandra Cavallaro, ese sonido se había convertido en el metrónomo de su nueva existencia. Una existencia que, oficialmente, no figuraba en ningún registro civil.
Eran las 03:00 AM. Dante dormía en la habi