La victoria en el Club de Pesca dejó un sabor a metal y adrenalina en la boca de Alessandra. Mientras el sol comenzaba a asomarse sobre el horizonte de Cartagena, tiñendo las murallas de un naranja sangriento, la mansión Cavallaro hervía de actividad. Hombres armados patrullaban los pasillos que antes recorrían mucamas con bandejas de plata.
Dante estaba en el despacho de Franco, rodeado de mapas digitales y frecuencias de radio interceptadas. No se había quitado la chaqueta táctica; el sudor