El bosque quedó atrás mientras Brianna corría con el frasco de sangre apretado contra su pecho. Cada paso resonaba como un latido desesperado, cada respiración era una plegaria silenciosa. La luna, testigo muda de su carrera contra el tiempo, proyectaba sombras alargadas que parecían querer atraparla.
"Resiste, Damien. Resiste", susurraba entre jadeos.
Cuando finalmente divisó la cabaña, su corazón dio un vuelco. La puerta estaba entreabierta, meciéndose con el viento nocturno como si fuera el