Capítulo 135. Cicatrices de mando.

La puerta de la habitación se abrió.

Una enfermera finlandesa entró. Empujaba una silla de ruedas de aluminio. Las ruedas de goma rechinaron contra el suelo blanco y estéril.

Habían pasado tres días. Tres días de líquidos intravenosos, analgésicos fuertes y monitoreo constante.

Lidia estaba sentada al borde de la cama de hospital.

Llevaba la bata de tela fina y azulada. Su cabello negro estaba recogido en una trenza improvisada. Tenía la mirada fija en la pared blanca frente a ella. Su respirac
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