Capítulo 27. Calor de supervivencia.
El viento helado de la montaña aulló entre los árboles inmensos.
El eco del choque metálico en el fondo del barranco desapareció por completo. El silencio del bosque volvió a caer sobre ellos, pesado y absoluto.
Mariana mantuvo la pistola apuntando a la cabeza de Víctor. Su dedo índice rozaba el gatillo. Su respiración salía en pequeñas nubes de vapor blanco por el frío extremo.
Víctor la miró desde el suelo. Estaba boca abajo, con las manos atadas a la espalda por su propio cinturón de cuero.