Capítulo 25. Enemigos a bordo.
La camioneta negra devoraba los kilómetros.
Cien kilómetros por hora. Ciento veinte.
El motor rugía en la oscuridad total de la montaña. Los neumáticos gruesos trituraban el asfalto helado.
El silencio dentro del vehículo blindado era asfixiante. Denso. Víctor conducía. Tenía ambas manos grandes aferradas al volante de cuero. Su postura era rígida. Tensa.
Mariana estaba sentada en el centro del asiento trasero.
Mantenía el brazo derecho completamente estirado. Bloqueado. El cañón de la pistola