Capítulo 28. Es una genio.
A veinte kilómetros de distancia, los neumáticos blindados de la camioneta de Alexander Voss quemaban el asfalto de la carretera principal.
El motor rugía al límite de revoluciones. Alexander conducía con las dos manos aferradas al volante. Su rostro era una máscara impenetrable bajo las luces del tablero, pero la fuerza con la que apretaba el cuero revelaba su furia contenida.
Lidia Montenegro iba en el asiento del copiloto. Tenía la vista clavada en la oscuridad del camino. Su respiración era