Capítulo 23. Una mujer de armas tomar.
La puerta de madera se abrió con un crujido agudo.
El viento helado de la montaña golpeó el rostro de Víctor. Mariana sintió la ráfaga cortante en sus piernas desnudas.
La oscuridad exterior desapareció de golpe.
Cuatro haces de luz blanca intensa, montados en los rieles tácticos de fusiles de asalto, apuntaron directamente a la puerta.
Cegaron a Víctor por un segundo. Mariana cerró los ojos a medias. Hundió su rostro en el hueco entre los omóplatos del ruso. Se hizo pequeña e invisible detrás