Capítulo 4. Asedio
El polvo tardó diez minutos en asentarse sobre el jardín, pero el silencio que dejó la camioneta de Liam Cross pesaba más que las tres máquinas abandonadas frente a la casa.Olivia intentó ponerse de pie. El mundo le dio vueltas. Un dolor agudo le subió desde el hombro derecho hasta la base del cráneo, cegándola por un segundo.—¡No te muevas!Claritza cayó de rodillas a su lado.—Estás herida —sollozó su hermana—. Oli, te golpeó. Te golpeó de verdad. Tenemos que llamar a una ambulancia.—No —graznó Olivia. Se apoyó en el brazo izquierdo y escupió el sabor a tierra y bilis que tenía en la boca—. No hay dinero para ambulancias. Y no voy a darle el gusto de verme en una camilla. Ayúdame a entrar.Entre Claritza y Mariana, la llevaron hasta el porche. Lidia las seguía de cerca, pálida como un papel, con el teléfono colgando de la mano, ya sin fuerzas para grabar.—Se fue... —susurró Lidia, mirando la calle vacía—. Huyó. Oli, lo asustaste.—No huyó —dijo Olivia, apretando los dientes cuand
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