El comedor de los Delacroix resplandecía bajo la luz de los candelabros de cristal. La vajilla de porcelana francesa reflejaba pequeños destellos dorados mientras los sirvientes se movían con precisión milimétrica alrededor de la mesa. Clara observó la escena con una mezcla de admiración y temor. Estas cenas familiares se habían convertido en un campo de batalla donde las palabras eran armas y las miradas, declaraciones de guerra.
Tomó asiento junto a Sophia, quien le dedicó una sonrisa silencio