Mundo ficciónIniciar sesiónEl contrato descansaba sobre la mesa de caoba como una serpiente dormida, esperando el momento preciso para atacar. Papel crema de alta calidad, tinta negra impecable, sellos notariales que databan de antes de mi nacimiento. Veintiséis años. Había sido vendida antes de siquiera existir.
Marcus Terán permanecía de pie junto a la ventana, observando el jardín con esa calma depredadora que Catherine habría admirado. Vestía un traje de tres piezas en gris carbón, zapatos italianos que probablemente costaban más que el salario anual de una familia promedio, y un reloj que capturaba la luz con cada movimiento de su muñeca. Todo en él gritaba dinero, poder, control absoluto.
Mi madre estaba sentada en el sofá, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Había envejecido una década en las últimas horas. Las líneas alrededor de sus ojos parecían má







