Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer llegó con esa luz pálida y enfermiza que solo noviembre puede producir. Me había quedado dormida en el sofá de la biblioteca, con la laptop todavía caliente sobre mis piernas y una taza de té frío en la mesa auxiliar. Cuando desperté, lo primero que vi fue el reloj: las seis y cuarto de la mañana.
Clara y Edward no habían regresado.
Me incorporé de inmediato, sintiendo cómo cada músculo protestaba por la posición incómoda en la que había pasado las últimas horas. La mansión estaba en silencio, ese tipo de quietud que precede a las tormentas o a las revelaciones devastadoras. Recorrí el vestíbulo con pasos silenciosos, comprobando cada habitación, cada rincón donde pudieran estar.
Nada.
Dónde están. Dónde demonios están.
Fue entonces cuando escuché el







