Alexander e Ivan estaban de pie junto a una mesa baja, cubierta de documentos y esquemas que detallaban los movimientos recientes de Dimitri. Sus voces eran bajas, casi un murmullo, pero llenas de determinación. Cada palabra pronunciada parecía una sentencia.
La sala de estar de la mansión estaba sumida en una penumbra inquietante, a pesar de los ventanales que dejaban entrar la luz del día, parecía que todo alrededor de Sidorov se adaptaba a su estado de ánimo.
Emilia estaba sentada en un sill