Los siguientes días fueron un espejismo en la mente de Emilia. Cada uno se sucedió a otro entre lluvias tormentosas rodeadas de una niebla mental de la cual no lograba escapar.
Se movía por simple inercia, respondía por automatismo. Incluso ignoró en más de una oportunidad los comentarios insidiosos de Katerina en el club, o las miradas electrificantes de Alexander. Para ella, la realidad se desdibujó y le daba igual si estaba viendo en un sueño constante o no.
Porque desde que Ana había desapa