El sol de junio caía sobre Harborside como un velo dorado, haciendo brillar el agua del río Crest con reflejos de cristal líquido. La brisa marina se colaba entre los edificios bajos de fachada clara, agitando levemente las sombrillas color marfil del café "Amanecer", uno de los locales más discretos y acogedores del paseo fluvial. Emilia estaba sentada junto a una ventana, con los dedos rodeando una taza tibia y la mirada clavada en la superficie del agua.
Parecía una escena tranquila. Como si