El sol se filtraba por los ventanales de La Espiral con la suavidad dorada del atardecer. Emilia alineaba los cubiertos con precisión milimétrica, como si ese orden externo pudiera compensar el caos creciente en su interior. El mes transcurrido desde que aceptó el doble trabajo, le había permitido moverse con soltura en ese mundo ambiguo y gris del Oblivion, sin embargo, no había obtenido nada certero, las pistas sobre la desaparición de Ana continuaban siendo un fantasma.
Había aprendido, much