26. El Precio de la Lealtad
Eryx no respondió de inmediato. Hubo un silencio pesado, apenas roto por el crepitar de la chimenea.
—Un hombre que no merece respirar el mismo aire que nosotros —dijo finalmente, con una calma tan helada que helaba la piel.
Ren asintió, como si la sentencia de Allen confirmara lo que ya sabía.
—Por eso te ofrezco mi lealtad en este juego. No se trata solo de negocios, Eryx. Quiero su ruina. Quiero que su apellido se arrastre en la mugre.
Eryx encendió un cigarrillo con parsimonia.
—Tendrás tu