97. El Enfrentamiento Final
El aire estaba cargado de tensión mientras Shaya y Eryx avanzaban lentamente por el camino polvoriento que conducía al lugar alejado de la ciudad donde supuestamente Claudia los había citado. La luz del atardecer caía como un manto dorado sobre los árboles, pero no había calor que pudiera aliviar la sensación de peligro que se cernía sobre ellos. Cada crujido de rama, cada ráfaga de viento, parecía un presagio de lo que estaba por suceder.
—Esto no me gusta, Eryx —dijo Shaya, su voz baja, pero