Al caer la tarde, un camión sin logos se detuvo frente al portón con la calma de quien sabe que trae algo más que simples cajas.
Los guardias lo interceptaron al instante, revisaron el despacho con la precisión de un protocolo bien ensayado.
Valentín salió acompañado de dos de sus hombres, y de pronto el jardín se convirtió en un puerto improvisado, madera clara que reflejaba el último brillo del día, sellos rojos de “FRÁGIL” como advertencias discretas, cuerdas de sisal tensas que se rompían c