Mundo ficciónIniciar sesiónEl restaurante tenía esa luz que hace parecer confidenciales las conversaciones ajenas.
Mesas pequeñas, manteles que no llegaban al suelo, música italiana bajita como si alguien tarareara desde la cocina.
Isabela entró con paso medido, el costado todavía tirante bajo el vestido negro.
Había elegido el dolor como recordatorio de por qué estaba allí. En la barra, un hombre de hombros rectos y pelo recortado revisaba la carta de vinos sin leerla.
Al mirarla, dejó el p







