Alma se recostó en el sillón de su oficina, el cuerpo pesado, los hombros caídos.
Aún tenía el celular en la mano.
Por costumbre, abrió una red social anónima que usaba para monitorear el pulso de la ciudad, de sus enemigos, de sus aliados... de sus consecuencias.
Entonces, entre los cientos de publicaciones que se agolpaban como murmullos digitales, lo vio, imágenes del funeral de Braulio.
La primera mostraba el ataúd.
La segunda, a su viuda enlutada, con el rostro devastado.
Y luego... tres n