Cap. 93 Ginevra, respira
Y Alessio era el activo más precioso. El heredero. La joya de la corona. La prueba viviente del triunfo de Ares y Dayana. Quería a ese bebé.
La idea no se formó como un plan racional, sino como un deseo oscuro y voraz. ¿Por qué ellos podían tener esa felicidad completa, ese círculo perfecto de amor y poder, mientras los Sartori tenían que mendigar migajas de un pacto sucio? No. No era justo.
Dayana, sintiendo una presencia, alzó la mirada. Sus ojos se encontraron con los de Chiara en la puerta. La sonrisa se desvaneció, reemplazada por una alerta instantánea.
Se puso de pie con suavidad, interponiéndose sutilmente entre el corralito y la intrusa.
—Señorita Sartori —dijo Dayana, su voz fría como el cristal.
—¿Se ha perdido? Esta no es la zona de reuniones.
Chiara recuperó la compostela, una sonrisa falsa y delgada dibujándose en sus labios.
—Disculpe, señora Bianchi. Estaba… explorando. Qué oficina tan acogedora. —Sus ojos se desviaron hacia Alessio, que la miraba con curiosidad infan