Cap. 139 ¿A la farmacia? ¿Para qué?
El día había comenzado como cualquier otro en la mansión. Roberto, el futuro esposo de Emilia, estaba en el jardín arreglando una cerca que llevaba años dando problemas, mientras Bárbara lo observaba desde la ventana con una sonrisa de oreja a oreña.
—Ese yerno —le decía a Felicia— es un sol. Me hace reír a carcajadas con sus ocurrencias. Y mira, hasta me arregla la mansión sin que se lo pida.
—Ya, ya —respondía Felicia, amasando pan—. No te enamores demasiado, que todavía no es oficial.
—¡Pero