Cap. 113 El sofrito necesita más aceite
La ironía no se le escapaba. La víbora, la anaconda, la reina destronada, ofreciendo refugio a la familia que había intentado destruir. Pero el destino, pensó Ares, tenía un retorcido sentido del humor.
—¿Estás segura? —preguntó Dayana desde el asiento trasero, su voz aún débil por el shock del día. Alessio dormía en sus brazos, agotado por el terror y las lágrimas.
—No —admitió Ares—. Pero por ahora, es lo único que tenemos.
Bajaron.
La puerta principal se abrió antes de que pudieran llamar. B