Cap. 112 Tenemos que huir
La presentadora continuaba, pero ellos ya no escuchaban.
Lorenzo se dejó caer en un sillón, la mano temblorosa buscando apoyo en el reposabrazos. Tenía setenta años, había sobrevivido a crisis, a traiciones, a la ruina económica. Pero esto... esto era diferente.
—Chiara —susurró, el nombre de su hija como una maldición—. Ella hizo esto.
Matteo, de pie junto a la ventana, apretaba los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaban en las palmas. Su rostro era un mapa de emociones contradicto