Lentamente, la mano de Massimo siguió moviéndose sobre su miembro, calentando a más no poder las entrañas de Savannah al verlo tan dispuesto y atrevido.
—Di: "Quiero que me hagas tuya, Massimo" —ordenó, su voz un susurro ronco que se elevó por encima de la respiración agitada de Savannah.
El color subió a las mejillas de ella ante la humillación, pero el ardor entre sus piernas era una exigencia que superaba su orgullo. Cerró los ojos por un instante y, cuando los abrió, había una rendición tem