—¿Crees que podríamos conocer todo el país? Me gustaría conocer todas las ciudades, ir a la playa y tomarme muchas fotos. ¡Aquí es donde vive el Papa!
Massimo soltó una risa en tanto que Savannah sonreía al ver a su hijo tan emocionado.
Estaban los tres jugando en la parte trasera donde había toda una zona de juegos que el italiano había pedido construir para el pequeño, y aunque ella trataba de estar serena, todo eso la abrumaba en demasía. Nunca se acostumbraría a tener tanto al alcance e incluso más de lo que era necesario.
—No, Piccolo, estamos muy lejos de Roma. Vivimos en Catania —dijo el hombre—. A donde sí podemos ir cuantas veces desees, es a la playa. Estamos muy cerca, tenemos acceso directo a una de las mejores playas.
—¡Quiero ir! ¿Podemos ir, mamá? —suplicó, dejando el balón de fútbol a un lado—. Nunca hemos ido a la playa. Solo las veíamos en televisión.
Savannah reprimió el agudo dolor que le apretó el pecho y se obligó a sonreír. Habían pasado varias semanas desde que