Sus palabras, crudas y descaradas, resonaron en el silencio de la habitación, desnudándola más que como si estuviera quitándole la ropa. Intentó articular una protesta, un rechazo, pero su voz se negó a salir, atrapada por la mezcla embriagadora de miedo y una excitación que no entendía del todo de dónde provenía.
Massimo la pegó aún más a su cuerpo, la diferencia de altura hizo que Savannah se sintiera pequeña y vulnerable entre sus brazos. Podía sentir la dureza de su erección a través de la