La tensión en la habitación era pesada e incomoda para Savannah y la doctora que, junto a los otros dos médicos que atendían a su hijo, le decían los resultados de los exámenes que le habían realizado a Mateo.
Savannah escuchaba atentamente la explicación del doctor, pero sus ojos, traicioneros, se desviaban de tanto en tanto hacia la mujer.
Desde que había entrado a la habitación no le había quitado la mirada de encima, inspeccionando su apariencia muy opuesta a la suya y preguntándose en qué