La puerta se cerró detrás de Massimo con un sonido seco, pero Savannah podía sentir todavía la sombra de su presencia impregnada en la habitación, como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso desde que él había entrado. Se mantuvo unos minutos al borde de la cama, sosteniendo la mano de Mateo con fuerza, como si con solo ese contacto pudiera evitar que el mundo exterior lo alcanzara.
El niño dormía otra vez, exhausto tras el esfuerzo de abrir los ojos y hablar. Su respiración pausada llen