Finalmente, después de lo que le pareció una eternidad, una enfermera se acercó a Savannah con una expresión suave pero firme.
—Señora Bennett, puede entrar a ver a su hijo —dijo, abriendo la puerta de la sala de recuperación, haciéndola poner de pie al instante—. Pero recuerde, aún está débil y necesitará reposo.
Savannah tragó saliva, su corazón latiendo con una fuerza descomunal. Sus piernas temblaban, pero avanzó, sintiendo que cada paso la acercaba al milagro que había esperado durante tod