OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 5.
Mi respiración prácticamente se detiene cuando escucho que Héctor está aquí. Siento cómo mi corazón late con fuerza, como si quisiera salirse de mi pecho, y un nudo se forma en mi garganta. Intento decir algo, gritar, o al menos pedir que no lo dejen entrar, pero antes de que pueda articular palabra, mi padre se pone de pie y habla con el mayordomo de manera calmada y natural, como si la presencia de Héctor no representara ningún peligro ni tensión.
—¡Qué buena noticia! Puedes decirle que pase —responde mi padre, amable y sereno, como siempre permitiendo la entrada de cualquier persona en esta casa, como si no comprendiera lo que Héctor representa para mí en este momento.
Sintiéndome completamente exasperada, dejo escapar un largo suspiro de frustración, y observo de reojo cómo el obediente mayordomo se dirige hacia la puerta principal para dar paso a Héctor. Cada paso que da hacia la mansión parece resonar dentro de mi cabeza, aumentando mi ansiedad. Mi corazón se acelera y mis manos