OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 5.
Mi respiración prácticamente se detiene cuando escucho que Héctor está aquí. Siento cómo mi corazón late con fuerza, como si quisiera salirse de mi pecho, y un nudo se forma en mi garganta. Intento decir algo, gritar, o al menos pedir que no lo dejen entrar, pero antes de que pueda articular palabra, mi padre se pone de pie y habla con el mayordomo de manera calmada y natural, como si la presencia de Héctor no representara ningún peligro ni tensión.
—¡Qué buena noticia! Puedes decirle que pase