OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 10.
La semana que sigue al ataque es extrañamente silenciosa.
Demasiado.
En el trabajo no hay nuevas amenazas, ni movimientos sospechosos, ni alertas que rompan la rutina. Los informes llegan limpios, las cámaras no captan nada fuera de lo normal, los turnos de vigilancia se cumplen sin incidentes. Todo funciona como debería, como si la ciudad hubiera decidido contener la respiración.
Eso, para alguien como yo, nunca es buena señal.
Me mantengo alerta de todos modos. Reviso protocolos, ajusto rutas