OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 7.
El hombre vuelve a levantarse.
Tiene sangre en el rostro, una ceja abierta, la respiración agitada, pero aún sostiene el arma con una determinación desesperada. Sus ojos no reflejan ideología ni convicción, solo miedo y una orden que no puede permitirse desobedecer. Lo sé porque ya he visto esa mirada antes. Es la de alguien que sabe que no va a salir con vida de esto.
—¡Aléjate! —grita, apuntándome otra vez.
No obedezco.
Mis músculos arden, el aire me quema los pulmones, pero mantengo l