OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 6.
El ambiente de mi casa sigue sumamente tenso después de la llegada de Héctor. Cada movimiento, cada silencio, parece amplificado en la enorme mansión. Nadie dice nada en absoluto, pero es muy claro que todos nos sentimos incómodos con su presencia aquí. La tensión es palpable: un aire pesado que se cuela en cada rincón del comedor, haciendo que incluso el más mínimo ruido resuene de manera extraña. Mi padre lo ha invitado a quedarse más que nada por compromiso, más por respeto a la memoria de los tratos familiares y a la figura de su hermano, que por un genuino deseo de que Héctor esté entre nosotros. Eso hace que todo se sienta extraño, como si camináramos sobre cristales rotos a punto de cortarnos.
Afortunadamente, Héctor no se acerca a mí. Parece demasiado enfocado en charlar con Víctor y con mi padre, discutiendo sobre negocios, la cooperación entre nuestras empresas, y los detalles que el día anterior habíamos dejado pendientes. Su atención hacia mí es mínima, lo que agradezco en