Capítulo 33.

Un gemido de absoluto pánico escapa de mis labios, mientras que olvidando todo tipo de etiqueta o normas, salgo corriendo hacia el interior de las empresas de Gabriel, escuchando como la asustada recepcionista grita detrás de mí.

—¡Oye espera! ¡No tienes un pase de visita! —grita la recepcionista sin saber cómo detenerme.

Ya he llegado demasiado lejos, no puedo dejar que Víctor vuelva a atraparme, por lo que sin mirar atrás, corro el interior de las oficinas de las empresas, encontrando unas e
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