Capítulo 32.
Si lo consideramos con cierto detenimiento, mi plan para escapar de la mansión de Víctor es muy arriesgado, porque muchas cosas pueden salir mal.
Alguno de los empleados podría haberme visto, mientras corría por el jardín o entraba en la cochera, o Víctor podría haber olvidado algo y regresar a su habitación donde se daría cuenta que yo ya no estoy atada.
Permaneciendo en la oscuridad de su coche, mientras me abrazó a mí misma y tiemblo, solo puedo idear maneras en mi mente en las cuales todo mi plan se desmorona y las cosas salen mal, con Víctor buscándome, encontrándome y atrapándola de nuevo, pero en esta ocasión en un lugar más oscuro donde ya no voy a poder escapar.
—Por favor, si algún poder superior ahí arriba que me está mirando, ayúdame a escapar de esta prisión… —susurro suavemente.
Como si mis palabras hubieran sido escuchadas por algún tipo de ser superior, saltó ligeramente cuando escucho una puerta abrirse, y luego unos pasos acercándose, es él… Víctor.
—Ya te lo dij