Víctor se estaba esforzando. Podía verlo reflejado en los pequeños detalles.
A la mañana siguiente lo encontró en la cocina, frente a la cafetera; ya llevaba su uniforme, pero con las mangas remangadas. Sobre la mesa no solo estaba el café de él, sino una taza de porcelana con el té de jazmín que ella prefería y un plato con fruta cortada.
—No te hubieras molestado —no pudo evitar decir al ver todo lo que había hecho. Por lo general, él no desayunaba con ella, siempre se iba antes y en el único