La pequeña Victoria no dejaba de llorar mientras la cuidaba. Su hermana estaba haciendo no sé qué y ella era un desastre en esto. Sin duda, no deberían contratarla para ser niñera nunca; es más, si Kiara pudiera calificar su desempeño, seguramente le pondría una sola estrella.
—A ver, mini-humana, vamos a negociar —susurró, balanceándola suavemente—. Si te callas ahora mismo, te prometo que cuando cumplas quince años yo misma te ayudo a escaparte de tu casa para ir a una fiesta. ¿Trato?
Como er