La menor de las Ponce se despertó con un sobresalto cuando sintió un dedo tocándole el hombro. Tardó un segundo en enfocar su entorno: la luz tenue de la biblioteca, el olor a libros viejos y madera pulida, y el rostro de un chico alto inclinado sobre ella.
—Oye, ¿qué haces aquí? —le preguntó con la voz baja, pero con un tono que mezclaba curiosidad y sospecha.
Se enderezó de golpe, acomodándose el cabello revuelto con las manos temblorosas. Lo recordó todo: la discusión con su madre, su deseo