Al día siguiente, se dedicó a observar con atención la cámara de vigilancia.
A las cinco de la tarde, divisó al hombre que se acercaba; sin embargo, no entró en la panadería, se quedó cerca de la acera, junto a un poste, fumando un cigarro con la vista fija en la vitrina.
No lo pudo soportar más; debía enfrentarlo. Así que salió, dejando que sus empleados se encargaran de todo.
Bruno la vio salir airosa del establecimiento, pero no se inmutó. Su postura relajada e indiferente, la misma postur