Los días pasaron, pero Bruno no le dijo nada, aunque ella no dejaba de mirarlo con las pestañas revoloteando coquetamente a la espera de tan ansiada petición.
Dos semanas después, ya harta de tanta espera, se lo dijo ella.
—¿No tenías algo que decirme? —lo encaró.
—¿Algo que decirte? —frunció el ceño, sin entender.
—Sí. Algo sobre nosotros.
—¿Qué pasa con nosotros?
Los señaló a ambos, tratando de dar a entender su punto.
—¿Qué somos?
—¿No es obvio? —le devolvió la pregunta, haciéndola exaspe