Bruno siguió viniendo a la panadería, pero ella ya no le era del todo indiferente.
Sus ojos se encontraban más de lo que quisiera admitir y poco a poco fue apoderándose también de sus pensamientos.
¿Así era como se había estado sintiendo él? Porque esto comenzaba a preocuparle.
Un día se acercó y le entregó una invitación para la presentación de su próximo libro.
—Si gustas, puedes ir, te guardaré un asiento en primera fila —dijo y pensó en rechazarlo.
—No creo que pueda asistir.
Él únicament