Sentía que había perdido peso. Sus ojos hundidos, en el espejo, se lo decían. No necesitaba subirse a una balanza; estaba clavado en su aspecto.
Suspiró antes de salir de su habitación y enfrentarse a un nuevo día.
«Uno menos», trató de animarse a sí misma con eso.
Su hijo ya llevaba puesto el uniforme escolar gracias a la ayuda de la niñera. Se sentía una mala madre; últimamente no había estado pendiente de esos detalles: despertarlo con un beso de buenos días, ayudarlo con la tarea o leerle u