Se había portado como la esposa perfecta en la última semana. Dormían juntos y se dejaba acariciar por las noches, aunque por dentro las náuseas no cesaran. Como resultado, Marcos había decidido darle un voto de confianza. «Una prueba de amor», lo había llamado él.
Ahora se encontraba sentada frente a un grupo de hombres que la miraban con recelo. Todos ellos tenían un aspecto rudo: cuerpos robustos, tatuajes en el cuello, manos y nudillos. A pesar de que el ambiente no le gustaba, sonreía igno