Quiso saltar de la tarima, no podía negarlo.
Eran ocho años sin verlo.
Ya no era el mismo joven que recordaba, nada de eso, ahora era todo un hombre y… ¡Oh cielos, no podía dejar de mirarlo! El uniforme de gala oscuro lo hacía parecer más alto e intimidante; las medallas brillaban sobre su pecho y tenía una postura de acero propia de alguien que había dictado el destino de mil hombres.
Recibió las flores que eran parte del protocolo, se inclinó una última vez hacia el público y sonrió a sus pad