Quiso decir algo más. Empujarlo y alejarlo de su presencia; pero Alan se le había pegado al lado como si nunca antes hubiera visto a una persona más interesante.
—Señor, usted es muy bueno con los dados. ¿Ha ganado premios antes? ¿Quién le enseñó a lanzarlos? —comenzó con sus comentarios de niño curioso.
—Mi amor, el señor está ocupado. Vayamos a ver qué otro juego está disponible.
—En realidad tengo tiempo, pequeñín —se agachó junto a su hijo hablando de una manera confidencial—. Es mi prime