No había podido moverse.
No tenía fuerzas para hacerlo.
Se quedó hecha un ovillo sobre la cama, llorando durante lo que le pareció fueron horas.
Sentía el cuerpo entumecido, el corazón sangrando y, en su cabeza, no dejaban de repetirse los mismos retazos: los gruñidos animales de Marcos, la rabia en su mirada, la traición de su propia madre.
¿Qué había hecho para merecer esto?
¿Por qué la odiaban tanto?
El sol comenzó a filtrarse por la ventana y se dio cuenta de que estaba amaneciendo; así que