Esta vez la puerta de la habitación no fue tocada. El cerrojo se movió desde el exterior y supo que alguien estaba introduciendo una llave.
No tuvo demasiado tiempo para prepararse cuando Marcos entró como un huracán que buscaba acabar con todo. Ella incluida.
—¿Marcos, qué…?
Pero no pudo ni siquiera terminar de formular la pregunta. En menos de dos segundos lo tenía tomándola fuertemente de la barbilla. Sus dedos apretaban su piel hasta un punto doloroso.
—Siempre has sido una pequeña zorra